superar la depresion viajando

Aunque la vida es un constante ciclo y no se puede estar feliz el cien por cien del tiempo, la tristeza prolongada, la melancolía y la falta de ilusión por la vida, nos indican que estamos ante los síntomas de la depresión. La depresión puede convertirse en un problema serio, así que es importante estar atentos antes los primeros indicios. Una persona con depresión, especialmente si es una depresión severa, necesita tratamiento y apoyo profesional porque vivir con depresión requiere un trabajo diario para lograr superarla.

No existe una causa única que cause la depresión y los motivos pueden ser desde genéticos hasta situaciones difíciles como la pérdida de un ser querido, del trabajo o la dificultad para adaptarse a situaciones nuevas y complicadas. Por tanto, siendo tantas las posibles causas, nadie, a ninguna edad está libre de sufrir depresión en algún momento de su vida, e incluso las posibilidades pueden aumentar según vamos cumpliendo años.



Por eso, es importante ser muy conscientes de nuestros sentimientos y estar abiertos a buscar formas alternativas que nos permitan cambiar nuestra forma de ver el mundo. Abrirnos a nuevas experiencias es una forma eficiente de controlar la depresión, recuperar la energía y encontrar fuerzas para volver a mirar hacia adelantes con optimismo.

El viaje como una forma de superar la depresión

Si abrirnos a nuevas vivencias es una de las estrategias, entonces nada más eficiente para conseguirlo que viajar. Cuando viajamos, nos introducimos en mundos distintos que antes no conocíamos y eso hace que tengamos que mantenernos alertas.

Mientras viajamos necesitamos mantenernos más atentos de lo que normalmente estamos durante nuestra vida cotidiana. Conocemos a nuevas personas, vivimos nuevas experiencias y nos enfrentamos a situaciones diferentes, manteniendo a nuestro cerebro ocupado, “distraído” de los pensamientos negativos que producen la depresión.

Todo este cúmulo de situaciones nuevas hace que nuestro cerebro libere endorfinas y oxitocina, conocidas como “las hormonas de la felicidad”, haciendo que nos sintamos bien, con energía y buen ánimo.

Si a cualquiera, deprimido o no, le hace feliz tomarse unos días de descanso y escapar de la rutina, cuando se trata de superar la depresión, un viaje puede tener beneficios inmediatos y duraderos. Por supuesto, cuando hablamos de hacer un viaje que realmente ayude no sólo a cambiar nuestro estado de ánimo, sino a cambiar nuestra percepción de nosotros mismos y de nuestra vida, hablamos de un tipo algo especial de viaje.

 
 

Un viaje, para que realmente nos ayude a superar la depresión, debe ser un viaje que hagamos con alguien a quien queramos mucho y con quien nos comprendamos bien o incluso puede ser mejor hacerlo en solitario. De preferencia a un lugar en el que no hayamos estado antes, de ese modo, cada paso será un descubrimiento y nuestro cerebro producirá más y más hormonas de la felicidad. Y finalmente, para aprovechar todos sus potenciales efectos beneficiosos, el viaje tiene que durar varios días (los más que sean posibles), una escapada de fin de semana seguro logrará distraernos pero no por mucho tiempo.

¿Cuáles son los efectos beneficiosos de viajar si sufrimos depresión?

Ya hemos dicho que cuando viajamos salimos de nuestra rutina y de nuestro mundo conocido. El viaje es un continuo aprendizaje, un proceso que no podemos evitar y que por tanto nos mantiene más vivos.

1. El viaje nos pone frente a situaciones únicas

Uno de los efectos de la depresión es la tendencia al aislamiento. Cuando estamos deprimidos nos sentimos desconectados del mundo y de la gente que nos rodea y nos concentramos en pensamientos negativos que nos aíslan todavía más.

El viaje nos obliga a salir del aislamiento, nos enfrenta a nuevos lugares y nos mantiene en constante estado de sorpresa. Mientras viajamos (más si lo hacemos en solitario) tenemos que relacionarnos con extraños y en muchas situaciones tendremos que tomar en cuenta las necesidades de otros, lo que hará que dejemos de pensar sólo en nuestros sentimientos.

Durante el viaje tendremos que tomar decisiones y resolver “problemas” que no se nos presentan normalmente en nuestra vida cotidiana, eso nos hará pensar e incluso desarrollará nuestra creatividad. Además, las cosas hermosas que vivimos mientras viajamos, se convertirán en recuerdos positivos capaces de llenarnos de sentimientos agradables una vez que el viaje termine. A largo plazo, las nuevas personas, realidades y experiencias ayudarán al cerebro a cambiar la forma como ve nuestra propia vida.

2. Viajar nos descubre nuestras verdaderas capacidades

Otro de los síntomas de la depresión, es la tendencia a la baja autoestima, pensamos que somos incapaces de conseguir muchas cosas y nos infravaloramos. Pero cuando viajamos, nos enfrentamos a situaciones donde nuestras capacidades se ponen a prueba y somos capaces de hacer cosas que pensábamos imposibles.

Mientras estamos viajando somos libres, nadie nos conoce y a nadie le importa quién somos en “la vida real”. Podemos ser quienes queramos ser, nadie nos criticará ni nadie esperará que nos comportemos de determinada manera. Somos extraños en un mundo de extraños. El solo hecho de saber esto nos ayuda a romper ataduras, podemos comer, hacer o ir a donde queramos. Ese sentimiento de libertad absoluta, de estar libre de cargas, es fundamental para superar la depresión y para descubrirnos a nosotros mismos. Seguro que nos llevaremos más de una grata sorpresa.

Además, si mantenemos los ojos y los oídos abiertos, seguro que conoceremos gente que nos inspirará. Ver y escuchar a personas que han decidido vivir su vida cómo realmente quieren y no en función de lo que otros esperan de ellas, puede ayudarnos a ver nuestra propia vida de otra manera y a entender que podemos cambiar todo aquello que nos hace infelices y que nos produce depresión.  Quizá descubramos que lo que creíamos imposible, es posible.

3. Conocer gente nueva es una gran ayuda para superar la depresión

Normalmente, en nuestro día a día no es fácil conocer a gente nueva y si estamos deprimidos mucho menos, porque la depresión nos baja el ánimo y nos vuelve un tanto antisociales. Pero al viajar estamos expuestos y conocemos gente nueva aunque no queramos.



Por un lado, podemos conocer a otros viajeros que están haciendo lo mismo que nosotros y por tanto con quienes tenemos algo en común. Este primer vínculo puede convertirse en una verdadera amistad que perdure en el tiempo y eso siempre es ganancia. También podemos conocer a gente que nos inspire, que nos motive y que nos haga ver formas de vivir que ni siquiera imaginábamos. Esto abrirá nuestra mente y nos aportará grandes beneficios.

Pero al viajar también conocemos otras realidades. Tanto si vamos a un lugar menos afortunado que el lugar donde vivimos, como si hacemos un voluntariado mientras viajamos, eso nos ayudará a entender que hay personas que tienen vidas bastante más duras y que a pesar de ello conservan la alegría de vivir. De esa manera veremos más claramente todas aquellas cosas por las que debemos sentirnos agradecidos y el optimismo y la ilusión por la vida entrarán nuevamente en nuestro corazón. Además el voluntariado nos hará sentirnos útiles para los demás y dejaremos de pensar tanto en nosotros y en nuestros problemas.

4. Viajar nos muestra una nueva perspectiva

Cuando estamos deprimidos perdemos la capacidad de mirar nuestra vida con suficiente perspectiva. No somos capaces de ver más allá de nuestra realidad inmediata y por tanto no podemos evaluar nuestros problemas correctamente.

Al viajar, nuestro mundo se abre. Somos capaces de ver nuestra vida cotidiana en perspectiva, como si fuera una enorme cuadro completo y entonces podemos ver mucho más claro todo lo que nos rodea y evaluar nuestras verdaderas posibilidades.

Todo lo que vivimos y aprendemos durante el viaje puede ayudarnos a pensar diferente y a superar las causas de la depresión.

5. El mundo en sí mismo se convierte en un antidepresivo natural

La belleza de la naturaleza puede llegar a ser sobrecogedora y tener un efecto sorprendente sobre nosotros y nuestro estado de ánimo. Estar en contacto con la naturaleza y contemplar paisajes que nunca antes hemos visto y que están lejos de formar parte de nuestra vida cotidiana, puede convertirse en el mejor antidepresivo natural que podemos tener.

Aunque parezca un tópico, la naturaleza tiene un efecto calmante muy fuerte sobre nosotros, por eso vernos en medio de paisajes que nos sorprendan puede ser una de las mejores terapias para superar la depresión. Ya sea una larga caminata entre bosques, alcanzar la cima de alguna montaña, escuchar el tronar de un gran río o sumergirnos en el fondo del mar para descubrir la impresionante vida marina, todo ello nos ayudará a sentir una felicidad que la depresión nos había hecho olvidar y tendrá un efecto duradero en nuestro estado de ánimo. No subestimemos el poder que tiene la naturaleza sobre nosotros.

Por todas esas razones, el viajar puede convertirse en la mejor cura contra la depresión. Si la tristeza y el desaliento nos invaden, respiremos profundo y por un momento dejemos todo atrás para embarcarnos en la aventura de viajar. El viaje es un proceso de descubrimiento, descubrimiento del mundo que nos rodea, descubrimiento de personas diferentes y únicas y, quizá lo más importante, descubrimiento de nosotros mismos y nuestras capacidades.

Y cuando el viaje termina, el sólo hecho de recordar los momentos vividos, la grandeza de la naturaleza y todo aquello que fuimos capaces de hacer, será un excelente antídoto para no volver a caer en la tristeza.

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