sangre joven

Alguna vez has escuchado eso de que “andar con jóvenes rejuvenece” o lo de una “inyección de sangre joven” para hacer referencia a alguien madurito que parece haberse quitado años de encima al relacionarse (sentimentalmente o no) con personas más jóvenes? Seguro que sí. Pues ahora los científicos están investigando sobre esta idea en su sentido más estricto, es decir, tratando de encontrar el remedio contra la vejez precisamente en la sangre joven.

Tony Wyss-Coray, neurólogo de la universidad de Stanford en California, ha decidido crear una empresa destinada a impulsar el primer ensayo con pacientes afectados de alzhéimer para probar los efectos rejuvenecedores del plasma procedente de la sangre de personas jóvenes.



Como explica ampliamente la revista Nature , hace unos años Tony Wyss-Coray decidió centrarse en la investigación de los efectos del envejecimiento sobre el cerebro y encontrar la respuesta al por qué con los años se produce una degeneración neurológica que en algunos casos desemboca en alzhéimer. Como era de esperar, pronto se encontró con el mismo problema que muchos otros especialistas en su campo:

“Trabajamos con modelos de alzhéimer en ratones durante muchos años y resulta que es relativamente fácil curarlos”, señala. Lo difícil es traducir esos logros a personas. “Yo quería pasar a estudiar humanos, pero no puedes obtener tejido cerebral de una persona viva, hay que esperar hasta que muera”. Esto le impedía seguir los cambios moleculares que progresivamente hacen al encéfalo más vulnerable a la pérdida de memoria y las enfermedades como el alzhéimer o el párkinson. Fue así como inició su actual línea de investigación: estudiar la sangre en busca de las diferencias entre un organismo joven y otro viejo.

Wyss-Coray parte de un planteamiento que a priori parece simple: si un análisis de sangre convencional puede medir la salud de órganos como los riñones, el hígado o incluso el corazón, ¿por qué no podía indicar el estado del cerebro?

 
 

“Empezamos a analizar cientos de proteínas en la sangre y a ver cómo cambian con la edad y con las enfermedades y al hacerlo vimos que hay cambios dramáticos entre los organismos jóvenes y los viejos, tanto en ratones como en humanos”, señala.

Entonces, la siguiente pregunta es ¿puede de alguna manera la sangre joven influir y mejorar la condición de los órganos viejos?

Pero la idea de investigar los efectos de la sangre de un animal joven sobre otro animal viejo no es nueva y los mayores descubrimientos se realizaron ya en los años ’70 del siglo pasado, en experimentos hechos con ratones.

Varios grupos de investigación independientes han probado a hacer transfusiones de sangre de ratones jóvenes a otros de edad avanzada y han obtenido resultados sorprendentes y esperanzadores. Primero observaron beneficios en los músculos y después en casi cualquier otro órgano que se analizaba: corazón, hígado, páncreas… incluso el pelaje recuperaba su vigor. Pero la mejor noticia para este neurólogo es que constataron que también había efectos notables en el cerebro. . “Si le damos sangre joven a un ratón viejo, vuelve a funcionar mejor. Muchos de ellos lo hacen tan bien como los jóvenes. Hay algo en la sangre joven que puede reactivar los procesos de memoria y creación de mapas mentales.”

“Es como cuando aparcas en un lugar grande y al regresar no recuerdas dónde has dejado el coche”, explica Wyss-Coray. Este tipo de recuerdos usa una parte del cerebro conocida como hipocampo, que interviene en la creación de mapas espaciales. “El cerebro hace un mapa para recordar: aquí hay una farola, aquí una tienda, una cafetería y mi coche está aquí. Cuando eres joven puedes estar escuchando música, hablando con un amigo, vas de compras y al volver sabes dónde está tu coche de forma inmediata, no tienes ni que pensar en ello. A medida que envejeces, tienes que mirar con cuidado alrededor, intentas fijar una memoria del sitio y cuanto más mayor eres, más difícil es formar esa memoria y recuperarla. La gente con alzheimer no puede recuperarla y también pierde la capacidad de crear ese tipo de mapas”, añade.

Los experimentos todavía están en proceso y quizá falte mucho tiempo para que se obtengan resultados concluyentes pero algunos descubrimientos sorprenden. Los investigadores han dado un paso más en sus pruebas con ratones y han aplicado sangre humana joven a ratones viejos, consiguiendo el mismo efecto de regenerar al animal, lo que los mantiene optimistas sobre lo que podrán descubrir en el futuro.

Podríamos decir que la tan buscada fuente de la juventud está en nuestro interior, en nuestra sangre, que fluye abundantemente cuando somos jóvenes y de cierta forma se seca o pierde sus “poderes” cuando envejecemos.

Otros investigadores como Amy Wagers, de la Universidad de Harvard, han conseguido identificar que la sangre joven tiene efectos rejuvenecedores en los músculos de ratones viejos. Ella advierte que más que reemplazar tejidos viejos por otros nuevos lo que se está haciendo es ayudarles a reparar mejor los daños causados por la edad. Por ahora, explicó a Nature, nadie ha demostrado que la sangre joven haga que los ratones vivan más, pero sí existe la posibilidad de que alargue la vida saludable de un individuo, es decir, los años que vive sin enfermedades.

Con estas conclusiones iniciales, Wyss-Coray ha empezado a hacer los primeros ensayos clínicos con 18 pacientes mayores afectados de alzhéimer. Las pruebas consisten en transferir a los pacientes plasma humano procedente de donantes menores de 30 años y comprobar en primera instancia que dicha intervención es inocua. Por supuesto que 18 pacientes es una cifra muy pequeña para sacar conclusiones definitivas pero es un primer paso muy importante.



Los científicos son muy prudentes al respecto porque la experiencia les ha enseñado que muchos tratamientos que han funcionado en ratones, desafortunadamente no lo han hecho en humanos.

No es la primera teoría que se baraja en el campo del anti-envejecimiento. En las últimas dos décadas, se han identificado las propiedades anti-envejecimiento de numerosos tratamientos, incluyendo las dietas restringidas en calorías; el resveratrol, una sustancia química que se encuentra en la piel de las uvas; la telomerasa, una enzima que protege la integridad de los cromosomas; o la rapamicina, un fármaco inmunosupresor que extiende la vida útil en ratones. Sin embargo sólo dos, la restricción calórica y la rapamicina, han demostrado tener algún efecto fiable para evitar el envejecimiento, aunque no se han convertido en verdaderos tratamientos debido a algunos efectos secundarios contra los que todavía se está trabajando.

En cualquier, caso las investigaciones ya están en marcha y aunque se trata de procesos largos que requieren muchos ensayos y comprobaciones antes de llegar a conclusiones definitivas, los investigadores son prudentemente optimistas.

Si es posible identificar los elementos de nuestra sangre capaces de retardar los procesos de envejecimiento de nuestro cuerpo, entonces quizá hayamos encontrado la tan ansiada fuente de la juventud, no para vivir eternamente pero sí para vivir mejor, más fuertes y más sanos durante todos nuestros años de vida. Una vida larga cuya esperanza aumenta década a década y para la que debemos estar preparados lo mejor posible.