que quiero ser cuando sea viejo

El otro día llegó a mí el extracto de una conferencia de Pilar Sordo (psicóloga chilena), más o menos con un título similar al de este post y aunque no pude escuchar su ponencia de forma completa, la verdad es que la pregunta me quedó dando vueltas en la cabeza durante días.

Todos le preguntamos a los niños ¿qué quieres ser cuándo seas grande? Y damos por sentado que nos referimos a una profesión u ocupación con la que ese niño, llegado el momento, se ganará la vida.

Es como si “ser grande” fuera la meta definitiva… la decisión final. Sin embargo, según pasan los años me he dado cuenta de que allí no termina la cosa, sino que más bien yo diría que allí empieza.

 
 

Yo personalmente, respondí a esa pregunta eligiendo una profesión, una profesión a la que le dediqué sólo unos años para luego cambiarla por otra (profesión u ocupación, no importa realmente) y luego por otra más. Entonces me di cuenta de que no hay una única respuesta para la pregunta de ¿qué quieres ser cuando seas grande? Y que es posible y válido, cambiar más de una vez a lo largo del camino.

Una pregunta que pocas veces nos hacemos

Sin embargo, a diferencia del empeño que ponemos en planear nuestro futuro mientras somos niños o jóvenes (todos nos repiten una y otra vez que esta decisión es importante… la más importante), nunca –o casi nunca- nos hacemos esta otra pregunta:

¿Qué quiero ser cuando sea viejo?

No nos gusta hablar de la vejez y mucho menos en primera persona. Nos hemos acostumbrado a ver esa etapa de la vida como una etapa oscura, triste y de la que debemos huir todo lo que sea posible. Sin embargo, el tiempo pasa inexorablemente y nos hacemos mayores… nos volvemos viej@s!

Entonces, ¿no sería mucho mejor planificarnos para llegar a esa “temida” vejez lo más preparados posible? Yo estoy convencida que sí!

Envejecer de manera planificada

¿A que nunca se te había ocurrido que podrías planificarte para envejecer? A mí nadie me había dicho que eso era posible y hasta hace poco ni se me hubiera pasado por la cabeza la idea de hacer una “hoja de ruta” de los años que me quedan por delante.



Siempre pensé que la edad y sus achaques llegarían en algún momento sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo. Y puede que haya muchas cosas que no pueda evitar pero hay muchas otras para las que puedo prepararme y así lograr que la vejez no me pille desprevenida 😉

Pero, ¿cómo prepararse para la vejez?

Después de mucho meditar, he llegado a la conclusión de que, aunque no es una tarea fácil, prepararse para la vejez pasa por responder unas cuantas preguntas usando la imaginación. Me refiero a intentar proyectarnos en el tiempo e imaginar cómo será nuestra vida dentro de unos años y cuáles serían esas cosas que harían que sea más cómoda, más tranquila, más sana. En resumen,  aquello que podría contribuir a ayudarnos a envejecer de la mejor manera posible.

Seguro que se te ocurren muchas más preguntas, pero a manera de inicio, aquí dejo algunas que me parecen fundamentales:

¿Es tu casa la adecuada para una persona mayor?

Una pregunta muy interesante que planteaba Pilar Sordo en su charla era: ¿dónde quiero vivir cuando sea viejo? ¿Quiero seguir viviendo en esta casa, en esta ciudad, en este país o el lugar donde vivo no es el adecuado para una persona mayor?

Tradicionalmente, a la gente de nuestra generación nos educaron para pensar que una vez que conseguíamos comprar nuestra casa, esa sería nuestra vivienda de por vida. Nuestra cultura es diferente a la anglosajona, para quienes el moverse de casa, de ciudad o de país, es algo normal y hasta esperado.

Pero qué pasa cuando esa casa que con tanto esfuerzo hemos hecho nuestra resulta no ser apropiada para gente mayor. Tiene muchas escaleras, los espacios son estrechos o está en una zona con pocos servicios.

Puede que justo ahora, en el umbral del envejecimiento, sea el momento perfecto para  proyectarte y preguntarte si será igual de cómodo vivir aquí dentro de 5, 10 o 20 años.

A mí por ejemplo, me gustaría vivir en un lugar con un clima más cálido. Con el paso de los años, cada vez soporto peor el frío y me pregunto si no podría mudarme a un lugar con inviernos más suaves. ¿Por qué no tomármelo en serio entonces? ¿Por qué no ir más allá de un simple deseo y ponerme manos a la obra, objetivos, plazos, etc.?

Puede que te parezca imposible, pero planear con tiempo y de la mejor manera dónde quieres o necesitas vivir, puede marcar la diferencia entre una vejez cómoda o no.

¿Puedes hacer algo para preparar tu cuerpo para envejecer?

Otro de los temas importantes cuando hablamos de envejecer, es el que tiene que ver con el deterioro de la salud del cuerpo y de la mente.

En este caso también hay mucho que depende directamente de nosotros y de las decisiones que tomemos hoy.



Con los años no es difícil que aparezcan problemas como diabetes tipo 2, hipertensión, dolores en las articulaciones, dolores de espalda, etc. Todos estos problemas son muchas veces ocasionados no por enfermedades específicas, sino por un cuidado inadecuado de nuestro cuerpo.

La diabetes tipo 2, por ejemplo, es causada en la mayoría de los casos por el exceso de peso y afecta, especialmente, a los adultos mayores.

Tomar consciencia de que envejeces y de que tu cuerpo necesita que lo trates con más cuidado para que te dure más y en mejores condiciones, es algo de vital importancia. Pero no vale con decir “eso ya lo sé”, hay que tomar decisiones y ponerlas en práctica.

Hacer ejercicio de manera constante, por ejemplo, es una excelente manera de mantener el peso en su justa medida y fortalecer los músculos, lo que entre otras cosas, ayuda a los huesos  y las articulaciones que sufren mucho menos al no ser los únicos que soportan el peso del cuerpo.

Con la edad el metabolismo se hace más lento, así que comer cada vez un poquito menos es otra excelente estrategia. No se trata de pasar de todo a nada de un día para otro, esas cosas no funcionan. Es más conveniente que te plantees reducir un poquito las raciones de comida durante el tiempo suficiente para acostumbrarte a esa menor cantidad. Cuando ese poquito menos ya no lo notes, entonces es momento de quitar un poquito más.

Recuerda que alimentarte bien no significa comer mucho, sino comer lo que tu cuerpo necesita, y en la vejez debe primar la calidad sobre la cantidad.

Por supuesto cuidar la mente también es de vital importancia. Puedes hacer una lista de las cosas que te gustan, de lo que te interesa o de lo que te gustaría aprender y poner manos a la obra para ejercitar tu cerebro con ello.

No creas que necesitas hacer cosas “aburridas” o demasiado demandantes para que den resultado, hay hasta juegos divertidos que ejercitan tu mente sin que te des cuenta. Por supuesto, ten en cuenta que siempre que aprendes algo nuevo y te esfuerzas para recordarlo, es como si llevaras a tu cerebro al gimnasio 😉

¿Tienes organizadas tus finanzas para pasar vejez tranquila?

El dinero importa y más cuando llegamos a una edad en la que no vamos a ganarlo trabajando. Cuanto antes pongas en marcha un plan que te garantice disponer de recursos económicos cuando llegue la vejez, más posibilidades tendrás de vivir los últimos años de tu vida con tranquilidad.

Haz un recuento de lo que tienes y pregúntate qué podrías hacer con ello. ¿Hay alguna forma de que tu casa se convierta en una fuente de riqueza? ¿Tiene planes de pensiones, seguros, inversiones o alguna otra forma de incrementar tus ahorros?

No te conformes con la idea de “la pensión de jubilación”. La realidad demuestra que esas pensiones siempre son escasas y ni siquiera tenemos la certeza de que estén garantizadas con el paso del tiempo. Confiar sólo en una posible pensión puede ser arriesgado.

Ahorra, pero además, infórmate. Existen múltiples herramientas financieras que están al alcance de cualquiera y que pueden constituir un fondo que te garantice una vejez económicamente tranquila.

Diseña tu futuro

No te olvides que mientras estás viv@ eres el responsable de tu vida. Si fuiste tú quien tuvo que decidir “qué ser cuando seas grande”, eres tú quien tiene también que decidir “qué ser cuándo seas viejo”.

Decide cómo, dónde y con quién quieres pasar tu vejez y decide que esos años sean años felices, de salud (en la medida de tus posibilidades), de independencia y de tranquilidad. Si planificas el camino con tiempo, puede que no todo salga como esperabas, pero seguro que conseguirás controlar muchas cosas.