miedo a la muerte cómo superar el miedo a morir

La muerte, ese último paso de la vida que, aunque nos cueste reconocerlo, a la mayoría nos asusta. No sabemos qué hay más allá, si es que hay algo, y es esa incertidumbre lo que hace que le tengamos miedo a la muerte.

Hace unos días, conversando con unos amigos, les comenté que “morirme en este momento me daría pena”, les pareció gracioso, pero no sé si entendieron realmente lo que les quise decir. Al decir que me daría pena morirme, me refiero a que hay tantas cosas que todavía tengo en mi lista de pendientes, que morirme sin haber tenido la oportunidad de conocer, ver, probar y sentir todo aquello que me falta, sería una lástima… por lo menos para mí, claro 🙂

En lo personal, confieso que no estoy libre del miedo a la muerte, aunque creo que lo que en realidad me asusta es la idea de perder a las personas que amo, más que llegar al final de mi propia vida, aunque admito que todavía no me gustaría dar ese último paso.

 
 

Hace unos días, leyendo un libro sobre los retos de la vida adulta, me encontré un cuento muy interesante que, aunque parece muy simple, esconde una idea sobre la que vale la pena reflexionar: ¿Cómo superar el miedo a la muerte? El cuento, del periodista mexicano Armando Fuentes Aguirre, dice así:

“Llegó la Muerte a buscar a doña Matildita.  Ciertamente era tiempo de que la buscara,

pues doña Matildita había llegado ya a la ancianidad. Llamó a la puerta y nadie abrió.

-¿En dónde está Matilde? – le preguntó la Muerte a una vecina.

-Anda con las cabras –le respondió ella.

Se fue la Muerte y regresó al cabo de un tiempo. Tampoco esta vez halló a Matilde en su juncal.

-¿A dónde fue? –preguntó.

-Está ordeñando la vaca –le dijeron.

Pasaron unos meses y volvió la Muerte. Matilde había salido.

-¿Dónde anda? –preguntó la Muerte.

-Llevó los animales a tomar agua.

-Me doy por vencida –masculló la Muerte-. Esta mujer siempre anda haciendo algo.

Y así diciendo, fue y se llevó a otra mujer que nunca hacía nada.

Este cuento se narra por las noches en las cocinas del Potrero. Doña Matilde lo oye y ríe por lo bajo

mientras atiza con un palo las brasas del fogón.”

La protagonista de este cuento, doña Matildita, no sólo no le tenía miedo a la muerte, sino que se burlaba de ella, la esquivaba al mantenerse siempre ocupada. Por mucho que lo intentaba, la muerte no podía encontrarla. Su vida activa era su mejor remedio contra la muerte.

¿Cómo superar el miedo a la muerte?

Nos guste o no, la muerte es real. Todos, sin excepción (por lo menos hasta que la ciencia no consiga lo contrario), moriremos más tarde o más temprano. Ante esta realidad tenemos sólo dos alternativas: vivir asustados y temerosos por miedo a morir, o vivir intensamente agradecidos por cada día de vida y sin temor a la muerte.



Puede que estés pensando que decirlo es más fácil que hacerlo. Conseguir que al pensar en nuestro propio final, no se nos acelere el corazón y no nos recorra un escalofrío por la espalda, parece complicado, pero es posible si vives tu vida de acuerdo a estos tres consejos:

Acepta tu vida tal como fue

Una de las principales razones por las que tenemos miedo a morir es porque miramos hacia atrás y nos damos cuenta de que nuestra vida pasada no siempre fue como nos hubiera gustado. Cometimos errores de los que nos arrepentimos, no hemos conseguido alcanzar los objetivos que un día soñamos alcanzar, no tuvimos la oportunidad de llegar a ser quienes queríamos ser, hemos invertido nuestros mejores años trabajando sin descanso y se nos olvidó vivir…

Si alguna de estas razones (u otras parecidas) te parecen familiares, debes entender que el primer paso para perderle el miedo a la muerte es aceptar tu vida pasada tal como fue. El reloj jamás da vueltas hacia atrás y el tiempo que pasó no regresa, así que el pasado no puede cambiarse.

Acepta tu historia vital, porque es tuya. Tus errores, tus aciertos, tus penas y alegrías, la soledad y la compañía, todo eso forma parte de ti, tú eres quien eres precisamente por todas esas experiencias. Esa ha sido tu vida, abrázala con amor y toma las riendas de la vida que te queda por delante, aprendiendo del pasado y con ilusión por lo que vendrá.

Mantente siempre haciendo cosas

Igual que doña Matildita, llena cada día con cosas que te gusten, que te llenen de ilusión, que ocupen tu tiempo y tu mente. Mantenerte ocupad@ y con ilusión mantendrá a la muerte alejada. Eso no significa que no llegue cuando sea tu momento, pero mientras tanto se mantendrá lejos de tu cabeza y de tu corazón. No le tendrás miedo, serás capaz de “esquivarla”, porque no formará parte de tu vida.

No hay nada peor que morir antes de tiempo, es decir, nada más triste que estar en esta vida sin ilusión y sin alegría (muerto en vida). Acepta la realidad de tu propia mortalidad, pero no para sentir temor o ansiedad sino para que eso te impulse a vivir intensamente cada día, a llenarlo de razones por las que levantarte cada la mañana, hasta el final.



Recuerda que una vida sin contenido es blanco fácil de la enfermedad física y mental. No dejes que la edad te caiga encima llevado por la inercia y la rutina, pensando que eres demasiado mayor para darle un vuelco a tu vida. Toma las riendas y reinvéntate si es lo que realmente quieres. No permitas que la vida se te escape de las manos, decide vivir cada día para que el final no te vuelva a dar miedo.

Saborea el presente

Sé consciente de la suerte que tienes por estar viv@. ¿Sabes cuánta gente no tiene la suerte de alcanzar tu edad? Cuánta gente muere en la flor de la juventud, mientras que tú todavía te cuentas en el grupo de los afortunados que todavía puede disfrutar de este mundo, así que aprovecha cada minuto, porque es un verdadero regalo.

No pienses que la oportunidad de ser feliz se te escapó hace mucho, o que la vida empezará de verdad cuando superes ese obstáculo, pagues esa deuda, veas a tus hijos convertidos en adultos, encuentres a la pareja ideal o termines ese asunto pendiente. Todas las cosas y situaciones que forman tu momento presente son la vida. La vida no espera, es eso que pasa aquí y ahora.

No olvides que no hay un camino a la felicidad, la felicidad es el camino. Así que atesora cada momento que tienes, compártelos con las personas que amaso y recuerda que ese tiempo que estás viviendo es la vida. Deja de esperar que pase algo para poder ser feliz, porque lo único que tienes es el aquí y el ahora, nunca habrá un mejor momento que este.