la soledad en la edad adulta claves para evitarla

Al entrar en la tercera edad nos enfrentamos a una etapa llena de retos, para muchos de los cuales no estamos correctamente preparados. La esperanza de vida ha aumentado significativamente en las últimas décadas, sin embargo no estamos preparados, ni social, ni psicológicamente para vivir tanto.

Hasta hace no mucho, las personas que llegaban al final de su “edad productiva”, es decir a la jubilación, tenían un horizonte de 5 ó 10 años por delante como mucho. Años que sólo esperaban llenarlos con la satisfacción de ver a alguno que otro nieto y con un poco de suerte, no tener demasiadas enfermedades.

Nadie se planteaba prepararse para vivir un periodo demasiado largo después de terminar su etapa laboral y por lo tanto, los últimos años de vida, eran cortos y nada enriquecedores.

 
 

Sin embargo, ahora vivimos más.  Puede que nos esperen 15, 20 ó 30 años de vida después de llegar la jubilación, y eso es casi una cuarta parte o incluso un tercio del total, lo que significa que una parte importante de nuestra vida, la viviremos como adultos mayores.

Muchos son los problemas que toca afrontar en esta etapa y quizá, uno de los más importantes sea el de la soledad.

La soledad en la tercera edad, el peor enemigo

La mayoría de los adultos mayores se enfrentan con la soledad en algún momento. Llegada la tercera edad, los hijos se han ido de casa y han formado su propia familia y ese es el primer gran cambio.

De repente, la faceta “padre/madre” deja de ser el eje principal de la vida y nos vemos forzados a aceptar el hecho de que ya no somos indispensables para nuestros hijos. Ese hecho produce un terrible sentimiento de vacío y soledad.

Por otro lado, según pasan los años, pueden presentarse otras situaciones que agudicen ese sentimiento de soledad: el divorcio en la edad adulta, cuando los hijos se han ido de casa y la pareja pierde el vínculo que los mantenía unida, es cada día más frecuente. Pero también están otros acontecimientos como la pérdida de los padres, de amigos cercanos o el fallecimiento de la pareja, lo que deja al sobreviviente “completamente solo”.

Daños que produce la soledad en la edad adulta

La soledad puede ser elegida y/o aceptada en determinados momentos de la vida, como algo positivo. Pero en la juventud, la verdadera soledad prácticamente no existe. Está el trabajo, los estudios, los amigos… en esa fase se entiende la soledad más como una falta de pareja que como una falta de compañía.



Sin embargo, cuando hablamos de soledad en la edad adulta, nos referimos en muchos casos a una soledad en el más estricto sentido de la palabra. Un adulto mayor que está solo, puede llegar a pasarse muchos días sin ver o hablar con otra persona.

Este tipo de soledad es completamente perjudicial porque genera depresión y falta de ilusión por la vida. La depresión produce procesos químicos que dañan el cuerpo y la mente, creando el clima ideal para que entren las enfermedades.

Un adulto mayor solo y deprimido, perderá el apetito o se alimentará mal, tendrá pocas ganas de levantarse de la cama, de arreglarse, de salir a la calle o de hacer cosas productivas o estimulantes. Esto genera un círculo vicioso, que provocará más soledad, más depresión y una, cada vez mayor, pérdida de salud.

Estrategias para no tener que enfrentarse a la soledad en la edad adulta

Por supuesto que hay cosas que no se pueden evitar como la marcha de los hijos o la pérdida de la pareja, amigos o familiares cercanos. Sin embargo, lo que sí es posible es prepararse para que, llegada esa última fase de la vida adulta, la soledad no nos alcance o por lo menos, que nos afecte lo mínimo posible.



La palabra clave es: prepararse! Eso significa que no hay que esperar a ser muy mayor para tomar en serio la posibilidad de estar sol@s. Cuanto antes seamos conscientes del paso de los años y de sus posibles consecuencias en nuestras vidas y en las de los demás, mejor.

Estas son algunas ideas que pueden ayudarte a escapar de la soledad:

Construye una red afectiva lo más amplia posible. Mantén el contacto con amigos y familiares y no pierdas la ocasión de ampliar y estrechar ese círculo. Inevitablemente la vida se encargará de reducirlo, así que cuanto más grande sea, más posibilidades tendrás de tener amigos a tu alrededor cuando seas muy mayor.

Busca algo que te encante, que te ilusione y a lo que puedas dedicarte sin mucho esfuerzo según pasen los años. Un hobbie o alguna ocupación que te guste y que no esté vinculada ni a tu trabajo ni a ninguna responsabilidad, será un excelente entretenimiento según pase el tiempo. Y si es algo que puedes hacer en compañía de otras personas, entonces mejor.

Encuentra alguna ocupación que te haga sentir útil y necesari@. Cuando los hijos dejan el hogar, una de las peores sensaciones es la de ya no ser necesario para alguien. Los hijos dependen de nosotros para sobrevivir y eso nos da un gran valor, sin embargo cuando crecen y se valen por sí mismo, nuestro papel en sus vidas cambia y eso puede ser muy difícil de aceptar. Si encuentras alguna ocupación que te devuelva esa sensación, un voluntariado por ejemplo, ganarás tú y ganarán aquellos a quienes ayudes.

– Siempre que tu salud lo permita, oblígate a salir a la calle, aunque sea a dar pequeños paseos. Tomar el sol y ver a otras personas, es una excelente forma de pasar algo de tiempo y distraerte.

Diseña un plan de viajes. Viajar, no importa si es cerca o lejos, es un excelente antídoto contra la soledad y la depresión. No te desanimes si no tienes a alguien que te acompañe, siempre podrás encontrar grupos de personas con edades similares a la tuya, que también viajen. Ver que no eres el único en tu situación y conocer nuevas personas, son dos (pero no los únicos) de los mayores beneficios de viajar.

Aléjate de todo aquello que te trasmita sentimientos o ideas negativas o depresivas. Eso incluye programas de televisión especializadas en enfermedades. Si estás sol@ y ves ese tipo de programas (aunque creas que lo haces para cuidar tu salud) conseguirás estresarte y “ver fantasmas” donde no los hay. Busca mejor todo aquello que te haga reír, que te enseñe algo  o que te sorprenda gratamente.

Adopta una mascota. Mejor si eliges un perro o un gato. Un animal te dará amor y compañía de manera incondicional y a la vez te devolverá la sensación de ser imprescindible ya que dependerá de ti para su supervivencia y bienestar. Si es un perro, además te obligará a salir con él a dar paseos cada día y eso te mantendrá activ@.

Recuerda que durante la última etapa de la vida, la soledad puede ser muy mala para tu salud física y mental, por eso es importante que hagas todo lo que esté en tus manos para evitarla. Mantener una vida social plena y ocupar tu tiempo en cosas que te ilusionen y te hagan sentir útil para ti y para los demás, son la clave de vivir no sólo mucho sino bien.