la edad es lo de menos patas de gallo

Quizá esta frase te suene muy simple e incluso puede que no te diga nada, pero en realidad creo que es una frase muy profunda y que encierra una filosofía de vida que es precisamente uno de los motores de Patas de Gallo: La edad es lo de menos.

Pero primero que nada quiero honrar a la persona que no sólo usaba siempre este dicho sino que lo aplicó a su vida, cada día, durante sus casi 81 años, mi madre. Ella siempre decía “Viejos los zapatos” cuando alguien o algo intentaban tan siquiera insinuarle que ya estaba demasiado mayor para hacer alguna cosa. La edad nunca la detuvo. Porque eso es exactamente lo que esta frase significa: “puede que los zapatos estén viejos pero no la persona que los calza”.



Porque la vejez es una actitud, no una cuestión de edad. Por supuesto no podemos negar que los años pasan y pesan. Bien lo estoy aprendiendo en primera persona. Entrada hace bastante rato la década de los cuarenta, descubro que las conversaciones con los amigos han cambiado, ahora también comentamos temas como la menopausia, la presbicia o el momento exacto en que hay que hacerse el primer análisis de próstata. Recuperarme de una sesión intensa de gimnasio ya no es tan rápido o necesito tomar pequeños descansos durante un recorrido turístico por una gran ciudad, cosa que hace unos años ni me planteaba.

Cumplir años es inevitable (con lo que eso significa), forma parte de la dicha de estar vivos, pero volverse viejo es una cosa diferente.

Como yo lo veo existen dos tipos de “personas mayores”: las que han decidido que cumplir años les aporta beneficios y que quieren seguir haciendo cosas, porque mientras estén vivos quieren seguir Viviendo (con mayúscula) y las que están convencidas de que después de cierta edad (muchas veces justo a partir de la jubilación) ya el tiempo de hacer cosas pasó y parecen sólo esperar a que llegue la muerte. El problema es que muchas veces la muerte tarda y los años se convierten en décadas desperdiciadas.

 
 

Algunos ejemplos de que la edad es lo de menos

Afortunadamente existe cantidad de ejemplos de personas del primer grupo. Hombres y mujeres que pasados los 60, los 70 e incluso los 80 están empezando siempre cosas nuevas. Sólo por mencionar algunos, se me ocurren estos:

Mario Vargas Llosa: Un escritor en activo a pesar de sus 80 años, ganó el Nobel de Literatura a los 74! acaba de volver de los territorios ocupados de Israel donde ha grabado un documental que le ha demandado un gran esfuerzo físico e incluso ha empezado una nueva relación de pareja. Cuántos no pensarían que a los 80 es demasiado tarde para volver a empezar, pero él no.

Meryl Streep: Una actriz maravillosa (por lo menos a mí me encanta) que ya ha entrado con creces en la edad de la jubilación y se mantiene tan activa como siempre. Para su papel de Ricki en 2015 no sólo interpretó a una rockera sino que aceptó el reto de aprender a tocar la guitarra eléctrica y cantar, con más de 60 años! Está claro que lo hizo porque ama su profesión, dudo que sea ya por el dinero…

Harrison Ford: Un hombre que con más de 70 volvió a ponerse en los zapatos de Han Solo y que volverá a encarnar a Indiana Jones. Si grabar una película de cine es agotador, hacerlo representando a dos héroes como estos ya ni pensarlo. Cuando muchos a su edad están descansando al sol, leyendo el periódico o jugando al dominó, para Ford la edad es lo de menos, él sigue siendo todo un personaje.

Stephen Hawking: Para los que piensen que vivir plenamente es posible sólo si se está sano y en plena forma, Stephen Hawking es una muestra de lo contrario. Un genio en el sentido más amplio de la palabra, que no dejó que nada lo detuviera. Con más de 74 años sigue vivo y trabajando, porque fundamentalmente ha mantenido la ilusión.

La lista podría ser infinita y no se trata de eso, de lo que se trata es de dejar clara la idea de que vivir la vida plenamente no es cosa de la edad, sino que es una decisión consciente y una decisión que hay que tomar todos los días, porque “la vida no se acaba hasta que se termina!”.

Sabemos que en las últimas décadas la esperanza de vida se ha incrementado como nunca antes e incluso varias investigaciones científicas afirman que genéticamente estamos preparados para vivir 120 años. Ya no es nada raro encontrarse con personas que han superado los 80 ó 90 años y han llegado a esas edades en buenas condiciones gracias a los adelantos en medicina, nutrición y prevención. Eso significa que nuestra vida adulta es mucho más larga que nuestra vida joven, que sólo dura un par de décadas, ya no digamos nada de la niñez y por eso es tan importante que aprendamos a vivir de la mejor manera posible esos años que forman la mayor parte de nuestra vida.



Seguramente con el pasar de los años tendremos que adaptarnos y cambiar nuestro ritmo, es posible que empecemos a sentir achaques, que las cosas nos tomen más tiempo o nos cuesten más esfuerzo, pero eso no significa que no podamos hacer lo que queramos hacer, que no podamos empezar cosas, aprender cosas, sentir cosas, soñar cosas, en definitiva vivir.

Hagamos que de verdad sean los zapatos los que estén viejos, viejos de tanto usarlos, gastemos el cuerpo, la mente y el corazón. Que cuando llegue la hora de abandonar este mundo todos nuestros dones hayan sido utilizados al máximo y hasta el último momento. Rompamos los prejuicios que acompañan a la edad adulta y especialmente a la vejez, porque NUNCA es tarde.

Si como yo, eres de los que lucen ya patas de gallo, lúcelas orgullosamente, has que esta etapa de tu vida sea tu mejor parte. Acepta los cambios (especialmente los físicos) con buen humor y aprovecha las ventajas que dan la madurez y la experiencia. No sé tú, pero yo ya las hubiera querido a los 20!

Recuerda estos sencillos consejos y mantente joven hasta los 120!

Manten la ilusión por la vida, recuerda que cada día es un regalo único que no debes desperdiciar, porque el tiempo que se va no vuelve.

– Intenta encontrar el lado positivo de las cosas. Aunque en algunos momentos no sea fácil, si buscas con esmero, seguro que verás que todo tiene algo bueno.

– Intenta aprender algo nuevo siempre que puedas. Algo simple o complicado, no importa. Ese idioma que siempre quisiste o a tocar la guitarra eléctrica como Meryl Streep. Hazlo sólo por el placer de hacerlo, no tienes que ser un experto, sólo disfrutar.

Viaja. Viajar tiene más ventajas de las que te imaginas. Además de conocer otros lugares aprenderás sobre otras culturas y formas de vida y eso será un gran aporte para ti. Viajar te mantiene alerta, emocionado, sorprendido, cuando viajas estás intensamente vivo.

– Haz cosas que te hagan sentir útil. Útil para ti y útil para otros. Tener un por qué levantarse cada mañana es la clave, especialmente cuando llega la jubilación.

Sonríe, escucha música, sal con amigos. Estas cosas curan más rápido y mejor que cualquier medicina.

– Y recuerda que si de verdad quieres, puedes. Nunca es demasiado tarde, la edad que tengas es lo de menos, lo que opinen los demás no importa, la fuerza está en tu interior. 😉