edad adulta cuando dejamos de ser jovenes cuando nos convertimos en ancianos

El mundo en que vivimos parece (o parecía) pensado para idolatrar la idea de la juventud, a pesar de que ésta es sólo una de las etapas de nuestra vida y no la más larga. Sin embargo, en los últimos años empieza a notarse un cambio de paradigma y, lo vemos sobre todo en los medios de comunicación. Las grandes marcas de cosméticos y de moda (aunque no solo ellas) empiezan a darse cuenta de que hombres y mujeres de mediana edad, son un mercado en crecimiento y con gran poder adquisitivo, por lo que empiezan a enfocar en él sus estrategias comerciales.

Ahora, afortunadamente, no sólo vemos a jovencitas veinteañeras anunciando maquillaje y cremas antiarrugas (algo absurdo), L’Oreal, por ejemplo, hace poco ha reclutado entre sus filas como imagen de marca a Susan Sarandon, quien acaba de superar los 70 años. También empezamos a ver modelos (hombres y mujeres) que desfilan sobre las pasarelas de la moda pasados los 60.



Este cambio va poniendo de manifiesto que las fronteras que marcan las diferentes etapas de la vida se han movido y en algunos casos casi difuminado. ¿Hasta cuándo somos jóvenes? ¿Cuándo entramos en la edad adulta? y ¿A partir de qué momento nos convertimos en ancianos? Responder a estas preguntas no es tan sencillo y la edad cronológica, aunque importante, ya no lo es todo.

¿Cuáles son los principales cambios en los grupos de edad?

Aunque seguimos dividiendo la vida en las mismas etapas o grupos de edad: niñez, juventud, edad adulta y vejez; los cambios en la sociedad, la mejora en la alimentación y en la educación y las formas de trabajo, han hecho que en las últimas décadas algunas de estas etapas de la vida se acorten mientras que otras se han vuelto más largas.

El acceso a la información gracias a las nuevas tecnologías, por ejemplo, ha ocasionado que la niñez sea cada vez más corta. La dependencia emocional y la inocencia, que caracterizan a la infancia, terminan mucho antes y los menores entran en la pubertad y la adolescencia más rápido. Una encuesta sobre bienestar infantil ha arrojado que en la actualidad la pubertad se ha adelantado hasta los 8 años, influenciada también por la mejora en la alimentación y la medicina.

 
 

Los adolescentes se inician antes en la vida sexual (los jóvenes de 14 ó 15 años saben mucho más sobre sexo que la mayoría de sus padres cuando tenían 20 ó 25) y esa es una de las fronteras que marca el paso definitivo a la juventud.

Pero si bien la niñez se ha acortado, la juventud parece extenderse sin parar. Hasta hace poco un hombre o mujer de 30 años era considerado todo un adulto. Se asumía que a esa edad debía ser independiente, tener una familia constituida y estar establecido en un trabajo o profesión. Todo un “adulto responsable” capaz de ganarse la vida. Sin embargo, ahora es común llegar a los 30, seguir viviendo en casa de los padres y seguir estudiando. Los treintañeros de hoy son los nuevos veinteañeros.

Y la frontera se sigue moviendo hasta llegar casi a los 40 (que por el momento parece ser el límite). Cada vez es más común ver que se ofrecen becas, cursos, subvenciones u ofertas de trabajo para “jóvenes menores de 40”. Así que por el momento, aunque quizá no de manera definitiva, dejamos de ser jóvenes a los 40, para convertirnos en adultos.

¿Cuándo entramos en la edad adulta y por cuánto tiempo?

Hoy podríamos decir que entramos en la edad adulta llegados a la década de los 40, aunque eso puede seguir cambiando. Prueba de ello es que nos hemos inventado el término “adultos-jóvenes”, para identificar algo así como una etapa intermedia… adultos sí, pero no “mayores”. A los cuarenta y tantos seguimos siendo jóvenes y a los cincuenta y tantos, también…



Puede que la edad adulta empiece más tarde pero también se ha prolongado y mucho. Por supuesto que esto tiene mucho que ver con las mejoras en la alimentación, la medicina y sobre todo con la prevención, que han hecho que la esperanza de vida casi se duplique en los últimos 100 años. Has hace no mucho, una persona de 65 años que se jubilaba, entraba a formar parte de la “tercera edad” y podía ser llamado anciano con toda razón, su esperanza de vida era muy corta, su salud estaba deteriorada y seguro que no se planteaba objetivos para el futuro.

Pero ahora quién se atrevería a llamar anciano a alguien de 65 ó 70, que aunque jubilado luce sano y vital? Acaso Susan Sarandon, Harrison Ford, Meryl Streep o Richard Gere podrían ser considerados ancianos? Definitivamente no. Por supuesto ellos, como muchos otros, a pesar de su edad cronológica, no están pensando para nada en retirarse. Y esta es una de las grandes diferencias.

La actitud positiva ante la vida, combinada con los avances en medicina que prometen que en poco tiempo nuestra esperanza de vida alcanzará los 100 o 120 años, hacen que la etapa de la vida adulta sea cada vez más larga y mejor.

Ya no se trata de cuántos años tenemos, para saber si somos jóvenes, adultos o ancianos, se trata de cómo estamos y fundamentalmente de cómo nos sentimos. De nuestras ganas de vivir y de cómo llenamos nuestros días.

No nos convertimos en ancianos cuando llegamos a determinada edad, nos convertimos en ancianos cuando dejamos de soñar y abandonamos la vida. Podemos ser adultos todo el tiempo que queramos serlo, es más, podemos ser “adultos jóvenes” hasta los 90 años, mientras mantengamos la ilusión y la alegría. Puede que la ciencia nos ayude a alargar nuestros años de vida pero tenemos que prepararnos (cuanto antes mejor) para vivir plenamente esos años extra, planificar esa importante parte de nuestra vida y desterrar de una vez por todas esa idea de que con la jubilación todo se termina. Veamos la jubilación sólo como el final de una etapa, como cuando terminamos la etapa de estudiantes, y no como el comienzo de la vejez.

Porque la vejez, o tercera edad, en el sentido negativo en que la entendemos hoy, puede durar tan poco como decidamos!

>> Consultar libros sobre el envejecimiento y como retrasarlo