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Vivimos en un mundo en el que pensamos en la economía colaborativa más que nunca. En los últimos años han surgido modelos novedosos como el couchsurfing, por el que quien tiene un sofá lo presta a viajeros desinteresadamente, o el crowdfunding, un método de financiación comunitario y también desinteresado por el que es posible sacar adelante proyectos de emprendedores que no pueden obtener financiación por las vías tradicionales. A estas formas de colaboración se une ahora el Cohousing o Propiedades Compartidas, un modelo de vivienda en comunidad para personas mayores, que aunque es nuevo para el mundo hispano, lleva años consolidado en países como Estados Unidos, Canadá y Europa Central.



La idea fundamental del Cohousing es la posibilidad de envejecer libres, activos y rodeados de amigos, en un sistema donde son los propios adultos quienes deciden dónde y cómo vivir. Una alternativa para quienes llegada la vejez no quieren pasar sus últimos años en una residencia de ancianos (sin libertad de movimiento y conviviendo con desconocidos), pero que tampoco quieren ser una carga para sus familias, aunque no por eso quieren vivir solos.

Qué son las propiedades compartidas o Cohousing

Se conocen también como Coviviendas o Comunidades de Viviendas Colaborativas y son complejos de viviendas (comúnmente edificios de apartamentos) diseñadas y construidas especialmente para que cuenten con todo lo que puedan necesitar los adultos mayores. La idea se basa en que sus habitantes puedan compartir una serie de espacios comunes (comedor, gimnasio, jardines, zonas para atención sanitaria, etc.) pero a la vez mantener la intimidad dentro de su propia vivienda.

 
 

El cohousing o propiedades compartidas son más que una forma de propiedad inmobiliaria ya que, en realidad, quienes optan por este tipo de vivienda forman una cooperativa. Aquí el objetivo no es comprar una propiedad sino formar una comunidad que permita a sus residentes mantenerse activos y vivir entre amigos los últimos años de sus vidas.

Los amigos son precisamente el origen de este tipo de propiedades compartidas, que nació en Dinamarca. El germen del cohousing fue la idea común de un grupo de personas que ya se conocían, de que llegado el momento de la jubilación les gustaría vivir juntas, compartiendo actividades y al mismo tiempo manteniendo su independencia. Esa misma motivación sigue siendo la base de este tipo de comunidades que ya ha llegado a España y que cada día gana más adeptos entre los adultos mayores de 50 años que están convencidos de  que nunca es demasiado pronto para planificar bien la vejez.

Porque la idea de la vejez ha cambiado y quienes en las próximas décadas se contarán entre el grupo denominado de la “tercera edad”, están convencidos de que llegado el momento no quieren ser una carga para sus familiares y  se niegan a renunciar a una vida plena e independiente, por el hecho de cumplir años.

Cómo funciona el Cohousing o Covivienda

El cohusing es básicamente una comunidad de personas mayores, autogestionada por ellas mismas. Es la propia comunidad la que participa activamente en el diseño de lo que serán las viviendas y la que decide el tipo de zonas comunes que quiere tener, ya que son esas zonas las que jugarán un papel fundamental en el desarrollo de la vida comunitaria.

Generalmente, los que forman la cooperativa son personas que se conocen previamente o que llegan recomendadas por otros miembros (aunque esto no es así en todos los casos). Para formar parte de la cooperativa hacen un primer aporte económico que se destina a la construcción o mantenimiento del conjunto inmobiliario y que les da un derecho de uso sobre la que será su vivienda y sobre todas las áreas comunes.



Una vez instalados, los residentes pagan una mensualidad que cada cooperativa fija teniendo en cuenta si los apartamentos son ocupados por una o dos personas. Esta cuota cubre el gasto de servicios básicos como luz, agua, enfermería o fisioterapia y en algunos casos de alimentación, y los residentes tienen la opción de solicitar servicios adicionales como limpieza o lavandería.

Si en algún momento un miembro de la cooperativa decide retirarse, puede recuperar lo que aportó inicialmente. Cuando el cooperativista muere, su aporte se destinará a quien éste designado en su testamento o a quien establezca la ley.

Todas las residencias de cohousing deben cumplir con los requisitos exigidos para adaptarse a las necesidades de las personas mayores como baños geriátricos, muebles terminados en curva, rampas, botones de emergencia en todas las habitaciones, entre otras facilidades.

Ventajas del Cohousing frente a las residencias de ancianos tradicionales

Las personas mayores que se han decidido por este tipo de viviendas compartidas están encantadas y sueles afirmar que la mayor ventaja es la vida en comunidad con otras personas con las que comparten intereses y aficiones.

Por eso las zonas comunes juegan un papel tan importante. Los residentes de este tipo de viviendas cultivan sus propios huertos orgánicos, hacen gimnasia, aprenden manualidades, juegan al ping-pong, hacen talleres de poesía, forman coros, bailan  y muchas otras cosas más, incluso en algunos casos son ellos mismos los que dirigen las actividades y eso les permite compartir sus conocimientos y seguir activos.

Mientras que en las residencias de ancianos tradicionales, los mayores conviven con extraños a los que no conocen y con los que en muchos casos no tienen nada en común, en las viviendas compartidas están rodeados de amigos, personas a las que quieren.

Otro de los aspectos más valorados es la posibilidad de mantener su privacidad. Tanto parejas como personas solas mantienen sus espacios independientes, cada apartamento es sólo suyo y pueden amoblarlo y decorarlo a su gusto para sentirse verdaderamente en su casa. Algo que no es posible en una residencia de ancianos al uso.