cambiar de vida a cualquier edad nunca es tarde para soñar

Cada día estoy más convencida de que vivimos en un mundo lleno de tantos prejuicios e ideas de “lo que debe de ser”, que llega un momento en que nos es difícil o hasta imposible, distinguir la realidad.

Y dentro de toda esa maraña de ideas, posiblemente la vejez sea la etapa de la vida sobre la que más prejuicios tenemos.

Cuando somos jóvenes nos parece que podemos comernos el mundo y que tenemos la capacidad de alcanzar cualquier cosa que nos propongamos. Todo parece fácil y cambiar y reinventarnos es sencillamente parte del proceso de vivir.

Pero según nos convertimos en adultos, vamos interiorizando y aceptando como válidas ideas limitantes, que lentamente se graban en nuestro inconsciente y nos hacen actuar en consecuencia. Entonces llega el día en que aceptamos como verdades absolutas y personales ideas tales como “soy demasiado viejo para volver a enamorarme”, “a mi edad hay cosas que ya no puedo cambiar”, “después de tantos años haciendo lo mismo ya no podría dedicarme a otra cosa”, “a mi edad ya no tiene sentido intentar ser diferente”, “si fuera más joven quizá…” y un largo etcétera.

 
 

Pero, ¿hay de verdad un momento en el que ya es demasiado tarde para cambiar de vida? ¿Es la edad cronológica la que determina cuándo debemos dejar de soñar y de luchar por alcanzar esos sueños? ¿Hay decisiones que realmente son para toda la vida y que no podemos cambiar por muy infelices que nos hagan?

¿Cuándo y cómo cambiar de vida?

Primero que nada dejemos clara una cosa: el cambio da miedo! Y eso es así, sin importar la edad que tengamos o quienes seamos. Cambio significa crisis, significa enfrentarnos a lo desconocido y asumir el riesgo de fracasar. Por eso nos resistimos al cambio, porque nos asusta.

Sin embargo hay muchos momentos en la vida en que lo que está en juego es mucho más grande y cambiar es la única alternativa para no perdernos a nosotros mismos, porque lo que está en juego es la vida misma y la posibilidad de ser felices.

Todos en algún momento hemos sentido la necesidad de cambiar, porque cambiar es la única forma de seguir creciendo. Pero cuando esta necesidad de cambio se presenta en la juventud, o incluso durante la década de los 30, quizá de los 40, nos es más fácil asumir el riesgo y lanzarnos a la aventura de romper con la rutina y reinventarnos.



Muchas veces ese reinventarse es una decisión consciente y meditada pero en otras ocasiones  la vida no nos da alternativa. La pérdida de un trabajo, una separación, la muerte de alguien querido, son circunstancias que muchas veces nos llevan al límite y nos obligan a replantearnos la vida.

Pero en la mayoría de los casos, esa necesidad de cambiar se presenta como un sentimiento más profundo, como una incomodidad que no conseguimos identificar o como una voz en nuestro interior que nos susurra que no estamos en el lugar que nos corresponde.

El problema es que cuanto más mayores nos hacemos más miedo nos da escuchar esa voz interior e intentamos apagarla por todos los medios. Nos convencemos de que “ya es demasiado tarde” y nos conformamos.

Nos olvidamos de que mientras estamos vivos tenemos derecho de VIVIR y para eso necesitamos soñar. Soñar significa plantearnos metas y hacer todo lo que esté a nuestro alcance por alcanzarlas y para ello tenemos que movernos, tenemos que actuar. Y eso muchas veces significa abandonar, en parte o por completo, la vida que llevamos y volver a empezar.

¿Cuáles son las señales que indican que necesitamos hacer un cambio de vida?

Los casos en los que un hecho dramático nos obliga a un cambio son excepcionales. La mayoría de nosotros llegamos al punto clave casi sin darnos cuenta, pero hay señales que podemos identificar y que indican claramente que es momento de empezar a movernos.

La señal más clara es la sensación de estar atrapados. Si tu rutina se ha convertido para ti en una especie de cárcel o en una “camisa de fuerza” que te impide moverte libremente, entonces es señal inequívoca de que ha llegado el momento de romper amarras y “escapar”.



Otra señal clara de que necesitas hacer un cambio en tu vida, es si sientes que la vida que llevas carece de sentido. Si tu vida está marcada por la rutina y el aburrimiento, has perdido la emoción y la motivación e incluso pareces haberte quedado sin sueños, entonces es momento de que replantees tu camino.

Quizá la forma como un día imaginaste tu vida o las cosas que antes te satisfacían, ya no son válidas en tu momento presente y sea el momento de preguntarte ¿qué quieres y hacia dónde te gustaría de verdad dirigirte? Recuerda que estás diseñado para crecer de manera permanente, mientras tengas vida y quedarte estático es tanto como retroceder. No importa tu edad o la etapa de la vida en la que te encuentres, siempre hay margen de mejora.

Soñar, la clave para cambiar de vida

No importa la edad, ni la vida pasada, lo único que importa es no dejar de soñar. Siempre que tengas un sueño, ese sueño será tu motivación, tu fuerza para levantarte y tomar decisiones, aunque esas decisiones signifiquen tener que salir de la zona cómoda y cambiar de vida.



Destierra de una vez por todas, la idea de que llegado cierto momento o cierta edad, ya no vale la pena soñar, porque en el momento en que dejas de soñar empiezas a morir. Y no hay nada más triste que estar muerto mientras se tiene vida.

Si para alcanzar tus sueños (del tamaño y tipo que sean) tienes que cambiar de vida y reinventarte mil veces, entonces hazlo, hazlo hasta el final. No tienes un número límite de posibilidades, no hay reglas, no existe nada “que debas ser”, más allá de lo que tú quieras ser!

Ten siempre presente la maravillosa frase de C. S. Lewis: “Nunca eres demasiado viejo para fijar otra meta o soñar un nuevo sueño.”

Porque cuando no sueñas y dejas de tener metas (por pequeñas quesean), entonces es cuando de verdad te vuelves viej@ y eso nada tiene que ver con la edad.