Hace muy poco estuve hablando con una persona a la que quiero mucho, que me contaba que llevaba 45 años con su esposa. Vaya, 45 años son muchos años! -ojalá yo en algún momento pueda decir lo mismo, pensé-. Pero mantenerse juntos todo ese tiempo significa que han tenido que hacer un trabajo diario para cuidar la relación y me consta que no siempre ha sido fácil.

Porque construir una vida en pareja es un trabajo de dos, en el que ambos deben tomar la decisión consciente de comprometerse y hacer su mejor esfuerzo. La vida en pareja es un largo camino que recorrer, con subidas y bajadas y con obstáculos, pero también con grandes satisfacciones. Un camino que sólo puede ser recorrido cuando las dos partes quieren y deciden hacerlo.



No podemos olvidar que con el paso del tiempo no sólo nuestro cuerpo y apariencia cambian, sino que el amor y nuestros sentimientos, o mejor dicho, nuestra forma de sentir y expresarnos, también cambian. Quienes llevan años viviendo en pareja saben que la forma como sentían y demostraban su amor al principio de la relación no es igual con el paso de los años.

Cuando somos jóvenes, despertamos al amor casi con desesperación. Necesitamos amar y sentirnos amados casi como respirar y una decepción amorosa puede hundirnos en la más profunda miseria, como si el mundo se fuera a terminar. Por supuesto, ese no es un amor maduro y no puede serlo, porque nos falta edad y nos falta experiencia vital.

Finalizada la década de los 20 o ya entrada la de los 30, es cuando generalmente iniciamos las relaciones más duraderas (por supuesto que hay excepciones).  Sin embargo, aunque en ese momento seamos afortunados y empecemos una relación de pareja a largo plazo, ese amor irá pasando por varias fases, hasta convertirse en un Amor Maduro.

 
 

¿Cuáles son las fases del amor? ¿Cómo se transforma el amor con el tiempo?

Aunque el amor y la pasión no son exclusivas de la juventud y a cualquier edad podemos volver a enamorarnos como unos adolescentes; sin importar cuando empiece, el amor dentro de la pareja pasa por diferentes fases o etapas (siempre que dure lo suficiente, claro está 😉 )

Primera fase del amor: El enamoramiento

Esta primera fase del amor es la que se parece más a esa idea novelesca que tenemos del amor, la de los cuentos de hadas, llena de emociones extremas y donde no hay nada más allá del ser amado.  Pero, contrario a lo que se piensa, es la más corta… afortunadamente.

Esta es una etapa de máxima excitación física y mental, cuando en lo único que pensamos es en estar con la persona amada. Es la fase del “amor ciego” e irracional, somos incapaces de ver más allá del otro y no hay defectos o inconvenientes que nos detengan.

Cuando estamos en la fase del enamoramiento, sentimos palpitaciones, nos sudan las manos, tenemos los nervios a flor de piel y en nuestro cuerpo hay una total revolución de hormonas fuera de control. Por supuesto en esta fase la atracción física y el sexo juega un papel fundamental.

Pero este estado de euforia permanente no puede durar demasiado tiempo, nuestro cuerpo no lo resistiría, por eso es bueno que sea la más corta.



Segunda fase del amor: El amor romántico

Pasada la euforia del primer momento, que puede durar hasta uno o dos años, da comienzo la segunda fase del amor, una fase más tranquila en la que la pareja empieza a asentarse y a sentirse cómoda el uno con el otro y con el mundo que los rodea. Pero también es cuando empezamos a analizar más racionalmente si estamos hechos de verdad el uno para el otro y si podríamos recorrer el camino de la vida juntos.

Aunque quizá no somos conscientes del cambio, llegado este punto necesitamos descubrir si podremos confiar en la otra persona, si será el apoyo vital que necesitaremos cuando las cosas se pongan difíciles y si lo que sentimos va más allá de la atracción física y el erotismo.

Durante esta segunda fase, somos “menos ciegos” y vemos a nuestra pareja como realmente es, con sus defectos y virtudes, aceptando ambas cosas. Este proceso de aceptación es una de las principales bases para que el amor de pareja perdure en el tiempo. El problema surge cuando, llegados a este punto, uno (o los dos) se auto engaña, no quiere ver a su pareja como realmente es o piensa que conseguirá que cambie. El conflicto nace precisamente de una expectativa que no se cumple ni se podrá cumplir.

Es en esta etapa también cuando la pareja desarrolla (o debe desarrollar) sus mejores habilidades de comunicación y respeto mutuo. La buena comunicación es la otra de las bases de una relación de pareja sólida. Es en este momento, pasado el apego casi obsesivo del principio, cuando la pareja aprende que tiene una vida en común pero que a la vez cada uno tiene su vida propia y disfrutan y respetan eso.

Tercera fase del amor: El amor maduro

La tercera fase, el amor maduro, es sinónimo de compromiso. Llegados a este punto, la pareja disfruta plenamente el uno del otro. Son amigos, amantes, compañeros y cómplices. Seguramente han superado importantes obstáculos y resuelto grandes problemas, por lo que la relación es más fuerte.

Es el momento de disfrutar de un amor más libre, sin temores y basado en la confianza mutua. Ambos disfrutan de la compañía del otro pero sin obsesiones. Estas son las características del amor maduro. Y no importa el momento en que se alcance, para algunos es muy rápido y otros tardan algo más. Otra vez aquí, la edad no tiene nada que ver.

El amor maduro es un amor más calmado y más tranquilo, pero no nos equivoquemos, esto no significa que sea un amor menos apasionado. La pasión y el sexo siguen (y deben seguir) formando parte fundamental de una relación de pareja sólida y duradera, porque además de ser placentero, ayuda a fortalecer los vínculos afectivos entre ambos. No olvidemos que el sexo es uno de los secretos para tener una larga vida.

Llegados a este punto es fundamental escapar de la monotonía, el paso del tiempo no es pretexto para que el amor se transforme en aburrimiento, costumbre o hastío. Una pareja que lleva años junta y que ha conseguido hacer madurar su relación no debe darla siempre por hecho. El romance, la aventura e iniciar continuamente nuevos proyectos son la leña que alimenta el fuego del amor.

En resumen, llegar a disfrutar de un amor maduro es una bendición, pero no se consigue sin esfuerzo. Es un trabajo diario y consciente, en el que ambas partes quieren construir una pareja basada en el respeto, la confianza, la comunicación, la complicidad y el romance.

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