Achaques de la edad, cómo afrontarlos

Cumplir años, asumir la edad de la mejor manera posible, cuidar cuerpo y mente, llegar a la tercera edad con energía e ilusión de vivir… en resumen, aprender a hacernos mayores de una manera positiva, ese es el objetivo de este blog.

Todo suena muy bonito, pero la realidad no siempre es tan sencilla. Según vamos cumpliendo años empiezan a aparecer achaques que antes no existían. Nos cansamos antes, un mal movimiento se convierte en un dolor de espalda que dura más de dos semanas, de pronto aparecen manchas en la piel o un largo etcétera que mejor no enumerar al detalle.

 
 

No sé si le pasa a todo el mundo, pero yo me sigo viendo como la “chica” que fui, joven, dinámica, desenfadada y con energía para regalar. El problema es que en más de una ocasión mi cuerpo me dice que mejor no derrochar esa energía que creía infinita, porque la verdad es que sobrarme, sobrarme, ya no me sobra.

¿Existe una forma infalible de afrontar los años con todo lo que eso implica?

Tres pasos para lidiar con los primeros achaques de la edad

1. Aceptación

Pero si (debo confesarlo) hasta la propia palabra “achaques” me produce escalofrío. Achaques suena a “abuelo”, a “viejo” y yo no soy vieja… o sí? Si lo pienso con calma, alguna que otra amiga de mi edad ya es abuela, así que yo podría serlo…

Dicen que el primer paso para afrontar lo que sea es reconocer su existencia. El alcohólico, por ejemplo, debe reconocerse como alcohólico antes de empezar un tratamiento que le ayude realmente. Entonces, ¿reconocimiento y aceptación son el primer paso también en el caso de la edad?

Vayamos por partes, ya hemos dicho que se trata de aprender a cumplir años positivamente. Lo primero que me gustaría dejar claro es que envejecer no es un problema en sí mismo. Mucha gente no tiene la suerte de llegar a viejo, así que si estamos envejeciendo es que estamos vivos, y eso es un regalo. Pero sí que es importante aceptar el hecho de que envejecemos.



Se trata de un “reconocimiento” en positivo (agradezco estar viv@) pero que nos permita ser realistas. Aceptar que la edad implica limitaciones, sobretodo físicas, no es fácil. Mi marido por ejemplo lleva muy mal lo de “ya no ser tan joven como antes”. En lugar de pensar “bueno, si ya no puedo caminar 15 kilómetros seguidos sin terminar destrozado, entonces caminaré menos y no pasa nada”, se queja y refunfuña porque antes para él esa caminata era un paseo y no significaba estar muerto al día siguiente.

Es verdad que según vamos cumpliendo años aparecen “goteras” que antes no teníamos. Nos pasa a todos, así que toca asumirlo y actuar en consecuencia. Por tanto, lo primero que nos ayudará a lidiar con esos primeros achaques de la edad será aceptar la edad y lo que viene con ella.

2. Actuar en consecuencia

Una vez que aceptamos de buena gana que el tiempo pasa y va dejando su huella, lo segundo es actuar en consecuencia, algo así como “si tienes limones, has limonada”.

Yo por ejemplo he descubierto que aunque todavía disfruto haciendo deporte y me siento bien después de una buena rutina de ejercicios aeróbicos, mis rodillas llevan muy mal las sesiones de bicicleta. Media hora de bicicleta me deja las rodillas doloridas por varios días, cosa que antes no me pasaba. Seguro que algo tiene que ver el hecho de que me vaya haciendo mayor, y aunque al principio me resistía y pensaba que de tanto insistir las rodillas dejarían de dolerme, ahora he decidido actuar en consecuencia y encontrar otro ejercicio aeróbico igual de bueno pero que no me haga daño. En mi caso la elíptica funciona muy bien.

Obviamente no todo se reduce a más cansancio después de un esfuerzo físico o a menos energía. Lo peor de los primeros achaques de la edad son esas pequeñas “goteras” en la salud que empiezan a aparecer: colesterol alto, algo de tensión arterial elevada, pesadez en las piernas, dolor en las articulaciones cuando hace frío, etc.

Volviendo al ejemplo de mi marido (y espero que no se moleste 😉 ), el médico le ha dicho que su problema de colesterol alto es común a “su edad” y que debido a que no se debe a una mala alimentación, sino que es más bien genético, es algo con lo que deberá vivir. Así que ahora deberá tomarse una pastilla para el colesterol todas las noches, por el resto de su vida!



Ya no hablamos de tengo un resfriado, me tomo una semana de medicinas y listo, ahora hablamos de una pastilla de por vida! Parece fácil (y lo es) pero para él tiene un significado mucho más importante, quiere decir que “se ha hecho mayor”. Y le cuesta aceptarlo. Pero bueno, eso es algo que no puede cambiar, así que para qué resistirse.

Actuar en consecuencia significa Adaptase. Aceptar lo que no se puede cambiar, aceptar que si hay cosas que ya no se pueden hacer como antes, seguro que hay otras que todavía podemos hacer o que podemos hacer de manera diferente, aceptar que debemos cuidarnos más y no dejar de querernos por el hecho de envejecer.

3. Mantener una actitud positiva

Pero… ¿es igual ser una persona mayor que estar viej@? ¿Puede que haya una diferencia esperanzadora entre tener muchos años y ser viej@? Yo estoy convencida de que sí! Esa diferencia es nuestra actitud personal ante la edad.

Efectivamente, con los años empiezan los pequeños achaques, aparecen males que en la juventud no sabíamos ni que existían, el cabello se vuelve blanco, o en el caso de muchos hombres, empieza a desaparecer, somos más conscientes de nuestros huesos y articulaciones, nos cansamos antes y, muchas otras cosas más. Pero a pesar de todo eso, lo que no cambia es nuestra capacidad para mantener una actitud positiva.

Con el paso de los años, debemos cultivar con mucho más ahínco la alegría de vivir y la actitud positiva. Aprender a querernos infinitamente y a amar cada una de nuestras canas, de nuestras arrugas, de nuestros achaques y todo aquello que forma parte de nosotros y que muestra que estamos vivos, que estamos llenos de experiencias y que hemos aprendido las lecciones que la vida nos ha regalado a lo largo de los años.

Porque esa es la diferencia entre tener muchos años y estar viej@. Podemos tener un cuerpo “gastadito” pero mantener un espíritu joven, siempre alerta, con alegría de vivir y ganas de seguir disfrutando de lo que la vida tiene para ofrecernos hasta el último momento.